Cuento

23 11 2009

Había una vez un vasallo del rey, que vivía en un pueblo rodeado de hermosos parajes, verdes campos de hierba artificial y disfrutaba de su vida en el campo sin preocuparse de las cosas que le rodeaban, limitándose a vivir lo mejor que podía.

El vasallo era feliz en su ignorancia y notaba que algo le faltaba, pero vivía bien y para él eso era suficiente.

Un día, en sus quehaceres habituales, el vasallo conoció a una hermosísima princesa, de rostro moreno y cabello negro como el azabache.

La princesa no sonreía ni se le notaba feliz, algo le pasaba, pero era una princesa y como tal, sus problemas no eran del mundo del vasallo.
El vasallo se enamoró perdidamente de la princesa, pero su amor no podía ser correspondido. Al fin y al cabo, ella era una princesa y él un simple vasallo. El vasallo encontró por fin aquello que le faltaba para encajar en su vida y no era otra cosa que hacer volver a sonreír a la princesa.

Una vez la había visto sonreír, y quedó tan prendado de la belleza de esa sonrisa que se fijó como meta que la princesa debía volver a ser feliz porque quería verla de nuevo como aquella vez.

Continuará….


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